Poeta Revelación 2011
Seudónimo: Mark Hollis
Convocar
Por Romina Freschi
Segunda convocatoria de Plebella, Poeta Revelación. Vaya título! En todo su anacronismo, desde la primera convocatoria lo aceptamos con esa mezcla de deseo y desconfianza que produce un concurso. Convocar, para mí, dueña de la imaginación que alguna vez concibiera esta idea, implica convocar - invocar o evocar con otros - la revelación, que algo se revele y se rebele. Mucho de eso digo en aquél texto “Revelaciones” que publicamos para la primera convocatoria. Algo de magia y algo de mecánica hay en todo eso, y también de la rebeldía: hacerlo igual, aunque parezca pasado de moda o esté fuera de lugar, aunque no haya dinero para entregar, elegir a alguien, algo, una escritura, y darle el título de la revelación. Y al tiempo revelarnos nosotros, en nuestros gustos, nuestro deseo y nuestra ideología sobre la poesía…
La fórmula es la misma de la convocatoria anterior: convocar entre los colaboradores y amigos de la revista un jurado que sea lo más heterogéneo posible. Y así fue en los dos casos. Si bien yo, como directora de la revista, conozco a todos sus colaboradores de alguna manera, lo cierto es que los demás jurados no se conocían entre ellos, incluso en algunos casos, casi no se habían leído, y mi intención siempre fue que sus opciones estéticas fueran visiblemente diferentes, de las mías y entre sí. En aquel 2008 me sorprendió que con todas esas condiciones tanto Emiliano Bustos como Gabriela Bejerman como yo apuntáramos los tres hacia Rocío Pochettino. Me pareció un milagro irrepetible. Y sin embargo… e incluso con más fuerza, tanto Enrique Solinas como Blanca Lema como yo elegimos sin pensarlo dos veces la obra de Mark Hollis, seudónimo de Martín Vázquez Grillé. Como entonces, y más todavía, el cazador resulta el cazado, la revelación no solo lo revela a Martín Vázquez Grillé indiscutiblemente sino que también vuelve a caer sobre nosotros, sobre Plebella, colectivo transparente, enjambrado, variable, inasible pero así y todo, clarísimo, como esta elección.
Particularmente adoré de la escritura de Martín su sintaxis helicoidal y su sujeto subalterno, un tú, que femenino y añejo se deja llevar por las aguas de su memoria y su vida, ahí en ese lugar donde toda personería es ridícula. Si algo nos convoca a todos es en ese lugar placentario que aquí se invoca y evoca, construido como un líquido que en principio se nos enuncia como negro y oscuro pero a medida que avanza la lectura nos va tocando sí espeso pero claro, proteico pero límpido, fuerte pero lábil, y bien amado, primero y último hogar.
como si una mañana cualquiera hubieran caído toneladas
de nieve y viviéramos ahora en un inmenso iglú
rígido y claro, donde no llega la noche, ni el día
y cada momento fuera uno solo
flexible, expandiéndose en una misma dirección:
un río oscuro, siempre ahí, planchado
a la espera de todo lo que se pueda tragar.
El iglú que es espejo del río, congela lo que allí se va corriendo. Lejos y cerca allí Heráclito y Parménides podrían seguir discutiendo sobre el movimiento. Aquí la letra, y la oración – cada poema es prácticamente una sola oración - es una cinta de moebius , paradoja del infinito - que cada cual resolverá en el calor de sí mismo y sus afectos- pero que el texto refleja no como un acabar del ser, sino un cesar del movimiento del mundo.
Bello, sugestivo, enunciado en pequeña voz: Sobre Pequeños botes cruzando lo negro del río
Por Enrique Solinas
Pequeños botes cruzando lo negro del río consta de diez poemas que presentan unidad temática y formal, en relación al tema propuesto. El mismo se expresa en una voz poética original, madura, consistente, y el discurso se desliza con naturalidad racional y gran trabajo poético.
Quien ha escrito este conjunto de poemas, reconoce una tradición, cuyos antecedentes podrían estar en sintonía con la poesía griega clásica, T.S. Eliot, Juan L. Ortíz, Diana Bellesi y José Watanabe; al mismo tiempo, hay un pensamiento filosófico y psicológico que atraviesa todos los poemas y que aluden a Heráclito de Éfeso, Platón, Freud y Martín Heidegger.
Pequeños botes cruzando lo negro del río revisa el momento en que un tú muere y su posterior ausencia. El yo poético propone distintas miradas sobre esa situación: ya en el momento en que está por suceder la muerte; ya la reflexión sobre la conexión ese tú y ese yo ; ya la despedida, ya el recuerdo de su ausencia. En línea objetivista, relata ese instante de introspección ante la pérdida de ella (madre-mujer-poesía).
El símbolo universal del agua es el que se utiliza para expresar una metáfora clásica en relación a la vida y la muerte. El río de Heráclito como sinónimo de la vida (“ nadie se baña dos veces en las mismas aguas ”) es la primera expresión, pero la vida es tal si la entendemos en relación a las palabras, al lenguaje. Además de nombrar al río, aparecen todas las posibilidades que además lo aluden y/o aproximan (campo semántico): estanque, acuático, botes, nieve, lagunas, agua, burbujas, peces, día escarchado, heladas, filtraciones, gotas, humedad, lluvia, hielo, crecida, charcos, islas. Esto nos habla de un trabajo delicado y preciso desde el principio hasta el final, donde no hay posibilidad de improvisación.
En la literatura clásica griega, el barco es una metáfora de La Patria , como también de cada uno de nosotros. Somos barcos que atravesamos el río de la vida y en este sentido podemos encontrar la relación con la literatura clásica griega. El tiempo en sí mismo no existe (Four quartets de Eliot, que a su vez trabaja El ser y el tiempo de Martin Heidegger). El pasado, el presente y el futuro son convenciones. Lo real es que cada tiempo sucede en el aquí y el ahora . Todo es movimiento, y porque la vida es un cambio constante, el pasado es activo y regresa, y sucede otra vez. Por esta razón, la metáfora del barco es un acierto porque expone de manera eficaz el movimiento de la vida y la muerte, como así también –por medio del recuerdo– la presencia de la ausencia (Freud).
Ese tú (motivo de los textos) y ese yo (que expresa el discurso) forman parte de la naturaleza. No se oponen sino que cada elemento de la realidad existe en un fluir , en un transcurrir de acontecimientos. Porque formamos parte del mundo, formamos parte del orden universal, y aquí no hay lucha entre “hombre y esencia”, sino que hay una conciencia de lo que somos y hacia donde debemos ir.
Pequeños botes cruzando lo negro del río es un trabajo bello, sugestivo, enunciado en pequeña voz, como un susurro, a ritmo lento y preciso, con la medida exacta entre el pensamiento y la emoción, que nos lleva a reflexionar, a repasar sus versos y a reelaborar el texto. Por estas razones, lo elijo de entre todos los presentados a la segunda convocatoria “Poeta Revelación” de la Revista Plebella.
De cómo el elegido era el perdido
Por Blanca Lema
El proceso de elegir un poeta en un concurso es bello y desgarrador. Se produce un pacto tácito de respeto y valoración junto con el enamoramiento, el enojo, la distancia fría… y en el caso de la obra de Mark Hollis, el RAPTO. Ese acto, no buscado, donde uno es literalmente llevado hacia ese otro lugar, siempre deseado y temido, del inconsciente poético. “Tranquila, boca arriba, no ves la hora de sumergirte en el estanque inmenso de la noche”
Recuerdo que al leer a Mark, creo que ese es su seudónimo, no sé aún su nombre…- sentí que estaba bailando butoh. Un texto, sin coreografía, que no dice lo que dice, que tiene la precisión de la bruma. “ Hay un eco que vuelve y rebota en las paredes como gorrión caído luchando por salir de la maceta”. ¡Que horror! Hay un texto que habla de mí. ¿Hasta tal punto fui raptada?
Los textos de Mark juntos con todo el resto de envíos de Plebella viajaron conmigo en los últimos dos meses. Estuvieron en la maleta de Roma, de Londres, de El Salvador, de Panamá y … de Chile. Cuando regresé, ya con los finalistas, no estaba la carpeta de Mark. Sabía que me faltaba alguien. Alguien importante. ¡Justo mi exquisito raptor!
Era el momento de compartir con el resto del jurado y su obra no aparecía más que en esos “pequeños botes cruzando lo negro del río”. Por fin la memoria, esa función que le quita trabajo al olvido… Recordé que los poemas de Mark estaban traspapelados en medio de una carpeta de Chile. Volví a leerlos. Sabía que en la parte de atrás del último poema, había escrito algo, pero no quise espiar, quise que la lectura me llevase sola hacia ese final de la danza.
Hice el recorrido, poema por poema… Yo había escrito muchas anotaciones en los márgenes. Deseos que Mark confiara más en sus imágenes y las dejara simplemente “ser” sin que necesitara de ningún “como”. Deseaba que saltaran hacia la confianza de alguien que escribe un haiku y prescinde de las comparaciones. Pero eso no era lo substancial. Por fin apareció la espalda de ese poema donde… “ el mundo se paraba para no moverse nunca más”. ¿Qué había escrito al terminar mi primera lectura? Sólo esto: “ ¡He aquí un poeta!”
Gracias querida Plebella por esta experiencia.
Textos de Martín Vazquez Grillé seleccionados para Poeta Revelación
MENCIONADOS El jurado de la presente convocatoria decidió realizar las siguientes menciones:
Primeras menciones: Karina Fabiana Cartaginese (Molina), Alberto Agustín Cisnero (César Casmo), Alejandra Varela (Mércedes Suárez), Verónica Pérez Arango (Polonia).
Segundas menciones: María de la Paz Garberoglio (Aime Jun), Carolina Andrea Béjar(Perroyororó), Germán Arens (Vizcachita Nicoli), Verónica Pérez Arango (Ave de Corral), María Antonia Zaragoza(Morena), María Fernanda Fayanás (Assia), Marcos Bertorello (Malena Irigaray y Ricardo Arias), Marcos Bauzá (zinc), Alejandro Jorge Kentros (Turles), Marcelo Nasra( Escritor rotircse).
Felicitaciones a todos ellos y muchísimas gracias a todos los participantes de la II convocatoria, por su garra, y por la confianza que depositaron en nosotros para leer sus textos.
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