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F O R M O S A P O É T I C A Del 8 al 13 de junio tuvo lugar la Feria del Libro de Formosa. Alejandra Correa , Romina Freschi, Mariano Massone y Mónica Rosenblum, poetas invitados de Buenos Aires, cuentan sus aventuras en una ciudad hermosa que pide a gritos una apertura cultural. |
COLIBRI MARIPOSA COLIBRI
Alejandra Correa
“Formosa”, dicen que proviene de una expresión del castellano antiguo. Los primeros colonizadores españoles dijeron que la región era “fermosa”, y ahí quedó el tiempo hincándose en el nombre.
Cruce de otros cruces, tierra de otras tierras, en Formosa se hablan las voces del pasado.
“Una frase puede empezar en español, seguir en mataco o toba y terminar en guaraní”, nos dice Ñawpa –nuestro anfitrión- y nos pone un montón de ejemplos desplegando abanicos que trazan un horizonte nuevo para cuatro poetas urbanos.
A orillas de la Laguna de Herradura, hermanada al río Paraguay, entendemos que aquí Babel abandona su verticalidad para correr horizontal, como una barca de pescadores, capturando esas palabras del tiempo pasado para enhebrarlas en las barbas del camalotal.
Porque así como en los oídos del visitante estallan nociones nuevas y mestizas, a los ojos les va sucediendo algo similar frente a la marcha de esas islas que se deslizan, reverdecidas y brillantes, con la sinuosidad de una serpiente de agua, llevando sobre sí pájaros que planean tomando como cierto que la cualidad de la tierra es claramente el movimiento.
En esta tierra que no es sólida, en esta lengua que es maleable, los seres transcurren con cierto desplazamiento ajeno a la lógica de las grandes ciudades. Hay que escuchar qué están diciendo.
Con Mónica Rosemblun, rumbo a la costanera, nos detuvimos al borde de un macetero florido. Allí, entre las flores malvas y fucsias: un colibrí buscaba su alimento. A la velocidad de la luz, mago al que es imposible descubrirle el truco, el avecilla parecía tener la sangre lo suficientemente caliente como para generar toda esa actividad de motores, alas, vuelos y atardeceres.
Para los guaraníes el Mainumby (colibrí) era un ser a medio camino entre los dioses y los mortales, portador del manantial de la vida, que es el agua pero también la palabra. Tan grande su tarea que estaba destinado a no detenerse jamás.
Sin embargo, estamos en Formosa. Una vez que nuestra mirada se acostumbra al movimiento desaforado, al ave es posible distinguirle una trompa tan fina como un alfiler, enroscada como la de las mariposas y dos pequeñas antenitas a cada lado de ella. En su parte trasera, su cuerpecito de unos cuatro centímetros de largo, culmina en una superficie negra, aterciopelada, donde parece dibujarse un rostro. Las dos viajeras insistimos gatillando las cámaras para atrapar la maravilla: trompa de caracol, alas de colibrí, cola con cara de ratón, alma de mariposa.
Ya con la foto de regreso a la ciudad, la investigación nos dice que ese pequeño ser no es colibrí, ni ave: es un coléoptero cuyo nombre es, precisamente, Mariposa-colibrí.
Esta es entonces, nuestra lección formoseña. Cuando las lenguas se recrean en abierta armonía, cuando la tierra y el agua conviven tomando una de la otra sus cualidades más herméticas, no hay un solo ser que pueda ser clasificado. Es por eso que al regreso, nos acompaña esa belleza dolorosa de haber dejado atrás un espacio poético. Un mundo nuevo, fermoso y porá.
Escrita en un papel de arroz
tan liviana
entre las barbas del camalotal
se disgrega
tu leyenda guaraní
...
la isla flotante desliza su negra cabellera
en las aguas del río
los pájaros la siguen
como queriendo cortejar a esa dama que flota
...
No es colibrí
ratón
caracol alado
no tiene pico
boca
cola de pez
la esfinge muta ante nuestros ojos
su espíritu mariposa
una historia tan antigua
como la sal

FORMOSING
Romina Freschi
El cuarto o quinto día de mayo, estando de viaje familiar en Cataratas, recibo un llamado telefónico para participar en la Feria del Libro de Formosa hacia mediados de junio. Acepto provisoriamente pero hago una cita para conversar de nuevo ya tranquila en Buenos Aires.
Allí converso con Ñawpa, Daniel Poquet, quien me había visto leer alguna vez y que fue el encargado de mi convocatoria. Fue una larga charla, entre las demandas de mi pequeña hija, mis perros, sobre hijos y animales, varias guaraniadas, recuerdos del 2001 y del San Telmo posterior, donde los dos habíamos sostenidos espacios culturales (La casa de Ñawpa y Cabaret Voltaire), y los avatares de esos proyectos. Ñawpa habló hermosamente de Formosa. Es su talento, cuando habla de Formosa, se pone contento. Esa alegría me anima a ir.
Me dio a elegir, de acuerdo a mi disponibilidad, el tiempo para ir. Le sugerí otros poetas para llevar. Finalmente fui del jueves 9 al domingo 12 de junio (saliendo de casa el miércoles 8 y volviendo el lunes 13). En el medio muchas idas y vueltas. Recopilando información sobre la Feria encontré poco y nada, más allá de la data breve y gris que ofrece la página de la gobernación. En los medios, solamente un par de notas haciendo denuncias varias en relación con la situación qom y el gobierno de Gildo Insfrán (que lleva varias reelecciones y va por una más) y también un escándalo de Mempo Giardinelli y la Feria, a la que fue “desinvitado”. En ese entonces, Vargas Llosa había estado haciendo gala de una “desinvitación” que nunca le ocurrió, con lo que el término estaba de moda y, para este caso al parecer, se ajustaba. Por otro lado, hasta el mismo lunes anterior al viaje, no había coordenadas concretas, ninguna indicación. Formosa empezaba a ser un lugar inquietante.
Estando en Buenos Aires, trabajando, viviendo la vida cotidiana, etc. , no hay modo de acceder a algunas realidades. Solo podemos hacerlo a través de los medios y en este caso, todo está borroso. Lo que llega es siempre parcial y visto a través de cristales de aumentos muy grandes. No hay manera de saber qué es lo que está siendo distorsionado. Me parece un privilegio haber podido ir a Formosa, lugar tan extraño – luego de haber estado allí no entiendo por qué – para los circuitos turísticos y los culturales.
Llegamos el jueves 9 de junio, Mónica Rosenblum, Alejandra Correa y yo. Habíamos estado viajando cerca de 17 horas, ya que pasamos parte de la noche en un embotellamiento en Rosario. El día estaba frío y nublado. No nos encontraban en la lista de alojamientos. En fin... Cuando finalmente logramos instalarnos, no figurábamos en la programación. En algún lugar decía “zapatos rojos”. Nos miramos los zapatos y nos causó gracia. Daniel nos cuenta que el viernes, al día siguiente, haríamos una presentación a la noche en la Casa de las Artesanías (maravilloso lugar). Y el sábado a la tarde yo daría un taller. También nos habló entonces mucho sobre la Recontraferia, espacio que nació, como su nombre lo indica vehementemente, en contra de la Feria del Libro, y Ñawpa se hizo un poco el enojado, pero también dijo que iría más tarde a la presentación de un libro.
Solo nos restaba descansar y chusmear un poco la feria. Eso hicimos. Pequeña – en relación a lo que nos tiene acostumbrados la monstruosa Feria del Libro en Buenos Aires – apenas un par de docks, una carpa, y algunos auditorios distribuidos por la ciudad. La Feria del Libro de Formosa se hizo mayormente frente a la Costanera nueva. La primera vez que vamos es de nochecita. Nos parece que está vacía. Más tarde nos enteramos que la movida en Formosa es por la mañana bien temprano, antes de la siesta. Después, algún que otro rezagado o desubicado como nosotras.
Es que no hay, salvo una o dos excepciones, propuestas de editoriales. La feria está compuesta por stands de provincias- dejamos nuestros libros en el Stand de la Secretaría del Cultura de Formosa- o de organismos nacionales de distinta índole (el INADI, el Ejército Argentino, por ejemplo), algunas librerías, sobre todo infantiles, casas de regalos. Intento comprar un libro infantil pero la joven que me atiende me dice que no está a la venta y que no sabe dónde puedo conseguirlo. En los programas, la información es confusa (eso consuela tontamente mi ego). Con el correr de los días vemos muchos contingentes escolares y deduzco que las actividades han sido consensuadas con los colegios. Eso parece funcionar bien.
A la medianoche habría una lectura en un bar. Nos tomamos una cerveza con Mónica Rosenblum pero son pasadas casi la una y media y no hay casi gente. Cuando decidimos irnos llegan chicos de la Recontraferia. Los saludamos entre bostezos pero prometemos ir el sábado.
Laguna oca
Tronco, pájaros que se caen de los árboles
camalotes como trifidos
entre las piernas.
Algo
gorgotea como una pava de mate
olvidada al fuego,
el otro
rechina como una matraca,
aquél ejerce, como siempre
– pero nunca para mí –
la carpintería.
Aquí en el oro lodoso
de los pájaros y los poetas
me gusta vivir.
Al día siguiente – maravilloso clima – vamos de paseo: estamos “sueltas” en Formosa: no conocemos a nadie, ni nadie nos conoce a nosotras. Pasamos la mañana en la Laguna Oca. El silencio es una arena movediza de pájaros. Mónica Rosenblum alucina con turquesas por lo verde de los camalotales en contraste con la gama de azules del cielo y el agua. Alejandra Correa desaparece un rato entre los árboles y vuelve con anécdotas - y fotos – de benteveos, gallitos de agua y gorrioncitos amarronados y mullidos. Me siento en un tronco y escribo.
Llega, desde Luján, Mariano Massone. Nos llama desde el hotel. Emprendemos el regreso al rayo del sol de Junio en Formosa que equivale a uno de Noviembre aquí en este sur. Las chicas parecen beduinas. Llegamos a los miradores de pájaros donde arquitectos manieristas se reúnen todos los años para construir un coqueto edificio nuevo para el avistaje y desde allí pedimos un auto para no llegar tarde a comer.
Esa tarde salgo a pasear por el centro con Mariano. Comentamos que Formosa se parece a Luján. El día es tan brillante. Vamos en remera. Compramos artesanías (muy saturadas de impuestos, noto en contraste con las que adquirí un mes atrás en Iguazú, donde los artesanos guaraníes están exentos y venden muy barato. Aquí en Formosa, donde no hay turismo internacional, nos sacaron la cabeza). Terminamos tomando mate en la Costanera, y le agregamos un yuyito de melisa silvestre que encontramos, remedio, como dicen los locales a todo yuyo que crece por ahí.
A la noche, en el Auditorio de la Casa de las Artesanías, hacíamos nuestra presentación. Habíamos preparado poemas propios y poemas de otros poetas, Mariano de Juanele, Mónica de Miguel Ángel Bustos, Alejandra de Susana Thénon y yo de Néstor Perlongher. Sin embargo, la audiencia era muy pequeña, apenas un puñado de personas y algunas periodistas. Terminamos haciendo una charla, amena aunque probablemente intrascendente. Las lecturas de poemas se fueron haciendo como al pasar.
Costanera
Mate, Mariano y melisa,
matrimonio de los crujidos
y la razón.
El agua se nos viene encima
con los motores
de humanidad naturalizada.
Aún aquí, pura dieta esta cultura,
orbe insalubre. Pero
un camalote es un pato
dormido de agua.
Algo de la misma sensación de intrascendencia me quedó luego del taller al día siguiente, al aire libre pues en el espacio asignado hacía demasiado calor. Entonces, sin embargo, hubo mayor contacto, y se repitió una frase que había escuchado ya la noche anterior: “ustedes tienen mucha libertad”, en relación al modo en el que hacíamos las cosas y cómo las expresábamos en nuestros poemas y proyectos. El momento fue bueno, hubo un compartir verdadero de la poesía.
Ese día, ya sábado, nos quedamos un largo rato en la feria, y disfrutamos muucho de la costanera, el pequeño puerto, un naranjo en flor, mientras hacíamos tiempo antes de un reportaje para la Conabip.
Al rato, taxi a la recontraferia, que merece un capítulo aparte. Allí estaban los organizadores, los chicos de la cartonera Ñasaindy, Fernando Acosta y Federico Torres y un grupo muy amplio de personas. Estaban instalados en un galpón, afuera dos filas de caballetes enfrentadas con libros de editoriales y diversas publicaciones de poesía de todo el país- incluida Plebella, que había sido amablemente llevada por Marcelo Neyra - , una venta de bebidas y otra de comidas, adentro un auditorio mediano, con lucecitas tenues.
Apenas llegamos olimos que la poesía independiente y el caldo de la verdadera acción literaria estaban en este lugar, sin lujos, pero certeramente. Se estaba desarrollando una lectura e inmediatamente comenzó un debate sobre la gestión cultural en Formosa. Mientras charlo con Federico Torres, Eugenia Segura y Marcelo Neyra, de Mendoza, a quien conozco por mail y conocí personalmente en Formosa, entro y salgo del debate. Mucha queja, mucho “no tenemos libertad”, mucho intentar hacer en paralelo al gobierno.
Si bien no me convence del todo ese aire de queja, creo que es parte del ponerse de acuerdo y eso hacían en ese lugar. Uno a mis pequeñas experiencias lo que escucho. Esta cuestión de la libertad, me llama la atención. Apenas hace unas horas en el recinto oficial también había escuchado hablar sobre la libertad y su falta en Formosa.
Alrededor de esa palabra se construye, me parece, algo en la cultura formoseña. Solamente pasé cuatro días allí, con las limitaciones de mi punto de vista pero también con la ventaja de haber circulado como observadora por los distintos espacios, me llama la atención. Aún si se trata de una sensación infundada, o incluso de una muletilla social - algo que se dice pero no se comprueba - creo que es un síntoma de algo que necesita cambiar, al menos en el nivel de la poesía independiente. Y que hay que atacar por ese lado, demostrar que eso no es así. O revertirlo, si así fuera.
Le comí un poco la cabeza, me parece, a Federico Torres, con que no renuncie al espacio público. Pero lo hice con convicción, de buena fe. Le presenté a Ñawpa, que también asistió esa noche. Discutieron un poco. Me sorprendió que no se conocieran.
Me llevo la Primera Antología de Escritores Jóvenes Formoseños. Una verdadera joya, realmente. Me sorprendo y me emociono con los textos. Una libertad y una intensidad tan asombrosas me conmueven. Formosa es una tierra penetrante. Esta escritura también. El sol calcina y nos baja los ojos a la tierra, la tierra florece y come el agua, el agua mira siempre plana al cielo, y la poesía va haciendo pinball entre todo eso, continua, porosa, inevitable, arremete como un empujón bien dado.
El debate se extiende y decido irme. Esa noche quería comer sopa paraguaya y chipá guazú y estaba ya muerta de hambre, a pesar de la cerveza y una tarta de queso que los chicos me convidan. Me voy llena de libros, dejo revistas y postales.
Al otro día, el último, nos vamos de tarde. Hacemos las valijas, terminamos algunos trámites y conseguimos un remise a la Herradura, meandro del Río Paraguay donde hay un recreo y la costa opuesta parece que se puede tocar. Vamos por caminos de palmeras escuchando música de los ochenta y los noventa. Me subo torpemente a un caballo de alquiler, Princesa. La dejo que vaya a comer pastito, pero cuando se da cuenta viene la dueña y nos hace terminar rápido la vuelta. Luego de explorar todos por separado nos sentamos en una playita los cuatro. Me arrepiento de no haber llevado algo para fumar. El tabaco que exhala Mariano Massone cada cinco minutos no me relaja. Pero el río corre y las islas de camalotes parecen nubes que van cambiando de forma frente a nuestros ojos. Con Alejandra Correa nos llevamos algunos gajitos de remedios.
Almorzamos, nos despedimos de Ñawpa, me saco una foto con los cocineros que me hicieron sin falta mi menú vegetariano y nos fuimos a la terminal, para volver a Buenos Aires.
Formosa
no hay historia
no hay mundo
solo piel y yerba
almas que vienen a mí
como las olas a la orilla del Paraguay
tierra de nadie
espejo de aguas alucinante
con su alusión directa
al cielo.
Por cuatro noches en casa sueño con el paisaje formoseño, su música de agua y el acento de sus habitantes, el sol maravilloso, su desierto al mediodía, la brillantez de su verde. Leo un libro de la cosmogonía de los guaraníes que me compré allá – aún hoy lo leo – me emociona la tierra sin mal, una imagen de la justicia, la reelaboración de las frases que el transcriptor intenta para afinar un sentido que nunca sabrá si ha logrado transmitir. Formosa se hizo parte de mis sueños, carne de sueños, soma personal. No es poco en mi vida.
Con los que allí estuvimos compartimos un extraño síndrome a la vuelta, mucha nostalgia y cansancio perenne. Buenos Aires nos recibe además, con restos de cenizas volcánicas y una semana de lluvias. El verano quedó allá. Aquí solo rutila la rutina.

YOPARÁ 1
Mónica Rosenblum
nunca haber ido
y ya haber estado
formosa:
estado
dimensión
regalo de atemperar
de avistar
entre las aves
un halcón transparente
planeando
sobre la laguna
y las hojas turquesa (descreído)
encendiendo
la vegetación
mestizándola
regalo de atemperar
de avistar
lo que no necesita
escribirse
el colibrí tatuado
en la mano de la poeta
ella intentando
fotografiar un colibrí
la foto de esa mano
tomando esa foto
formosa:
matrioska de sensaciones
en un tiempo muy otro
y la sed
de aprehender
esa lengua
exhalada, sinuosa
cómo se dice amor
cómo se dice querido/a
y cuándo dejé de saber
lo mestizo de todas las cosas
Yopará: ( fonéticamente /d ? opa '? a/, en guaraní: jopara) es una palabra en idioma guaraní que significa mezclado. Este término es muy utilizado en Paraguay para designar generalmente a un dialecto resultante de la mezcla ( pidgin ) del español con el guaraní.
"Yopará" tiene otras múltiples aplicaciones, pues siginifica mezcla, mezcolanza; sirve para definir, por ejemplo la diversidad de colores del pelaje de un animal o de un objeto, y también es el nombre de un plato típico paraguayo. Su etimología parece ser una metatesis del gentilicio y adjetivo paraguayo.
Ya desde el llamado de Romina con la propuesta, mi entusiasmo fue grande. Viaje, Feria del libro, poesía, encuentro con otros poetas, lecturas, camalotes en junio; mi respuesta fue un sí redondo. Y fuimos. En mi caso, no conocía a Alejandra, sí a Mariano y a Romina, y nunca había viajado con ninguno de ellos. Y, también en ese sentido, el viaje fue un encuentro.
Llegamos llenos de libros, de palabras, de ganas. Nos recibió Ñawpa con su amabilidad, con la cadencia de su acento, y con sus ricas explicaciones acerca de lo que nos esperaba, de lo que estaba programado y lo que podía surgir. Nos acomodamos en el hotel, almorzamos y terminamos de llegar.
Retrospectivamente, junto con la gratitud que sentía (y sigo sintiendo) por la posibilidad de haber llegado a la fermosa Formosa, también siento que volví –volvimos- con mucho más de lo que dimos. No sólo por el hecho en sí de haber conocido Formosa, haber paseado, de haber compartido con mis camaradas de viaje tantos momentos de risas, caminatas, introspección, ideas, y más; no sólo por la posibilidad de un viaje en sí. No es sólo eso. Es que, también, en las instancias en las que nos tocaba mostrar, hablar o conectarnos con nuestro quehacer literario, la sensación era la de tener más para dar e intercambiar y no saber, o no poder encontrar la forma de hacerlo.
Paralelamente a la Feria de libro tenía lugar la Recontraferia. A esta última, lamentablemente, sólo llegamos el día anterior a nuestra vuelta. Y fue bastante sorprendente ver la cantidad de gente, libros, revistas, plaquetas, presentaciones y charlas que sucedían y habían sucedido en la “recontra”. Claro, como sus nombres lo indican, y, como es habitual en estos casos, existía cierta rivalidad entre la feria oficial y la “recontra”. Nosotros habíamos sido invitados por el lado oficial. Desconozco los detalles de dicha rivalidad, aunque no es difícil imaginarlos.
Más allá de esos detalles, y más allá de la feria de versiones, ¿debíamos haber sido más activos en la convocatoria a las actividades en las que estaba programada nuestra participación? Teniendo en cuenta que los recursos materiales en este caso sí estuvieron disponibles, ¿cómo podríamos habernos posicionado “más allá” de los conflictos internos, y “más allá” de lo programado, y -sin invadir territorio ajeno- activar la generación de un intercambio más rico y fructífero?
Estas son algunas de las preguntas que me quedan post formosa-porá. Y un deseo: el de volver y devolver algo de lo tan que me llevé.
pd.: Gracias Romina por la convocatoria; Gracias Ñawpa, por tu recibimiento, y gracias Romina, Alejandra y Mariano por la camaradería, por la contemplación compartida, por las risas.

LA PRECUELA (LIBRO DE SOMBRAS)
Mariano Massone
“La sustracción de las materias firmes, el astillar de las superficies,
en donde la lisura se convierte en limaduras fractales que rompen
la linealidad del discurso y al mismo tiempo producen una exploración
de materias algodonosas o vaporosas.”
Nicolás Rosa, Relatos Críticos
Sábado 14 de mayo de 2011
Hace unos días le di Suspensión para leer a Laura Estrin y su actitud fue usar la navaja de Okham, podar y podar hasta dejarme pelado. Su problema, según lo que me cuenta por mails es que mi poesía es muy nebulosa, parecida a la de Echavarren. Le comentó que sí, que en el momento en el que lo escribí estaba muy influido por Echavarren. Pero él no es la tercera voz (real). La tercera voz en disputa en este libro es Romina Freschi, esa curandera del amor que, como Pomba Gira, aparece cuando uno menos se lo espera.
El problema no es la nebulosidad (Nicolás Rosa estaba acostumbrados a esos centros nebulosos) sino lo que se pone en juego es la autoría. Como decía Libertella: ¿Cómo puede escribir alguien si su firma no es ya de uno solo sino de tres voces? ¿Quién es el autor de este libro: la expansión nebulosa de Romina Freschi, el mensajero Hermes Mariano Massone o la navaja de Ocampo Laura Estrin?
Martes 17 de mayo de 2011
Hay tres voces, pero puede haber miles… todas las voces que recorrieron por mi cuerpo están envasadas en ese libro. Todas, cada una de ellas. Como una medusa que va concibiendo miles y miles de ideas, se concibió ese libro. Una sinapsis alucinante, a dos mil por hora, todas las neuronas conectadas con todas haciendo un pasamanos increíble y fabuloso. Una maravilla, un relato de ciencia ficción ultraradioactivo, así se produjo el tsunami de Japón, pensé. Pero no era eso. Era un subsuelo, un oscuro subsuelo lo que había, tenebroso, pantanoso, terrible. Dos paralelas se unen en el infinito.
Domingo 22 de mayo de 2011
En medio de todas esas voces estoy yo. Tres voces terribles, increíbles y que no se pueden nombrar. Un marplatense que fue en bicicleta desde Buenos Aires a Mar del Plata. Ese me dio el traje de neopreno para bucear. Una señora judía me dio su rostro y jugó a ser tarotista. En Japón, abrir un origami puede desatar una catástrofe, hay que ser muy buen jugador. Terriblemente actor, sagaz. Rapaz. La tarotista tira las cartas con mi poesía y le creo. Como se le cree a alguien increíble. Ya no me llegan las balas porque tengo escudo de amor. Cuido mi corazón.
El self digital
Un día fuimos con Ezequiel, mi doble, al Jardín Japonés. No hablé en todo el día. En el restaurante tomamos té verde con galletita Sembei. Pagué con tarjeta de débito. En el lugar de los artesanos le regalé un origami de grulla. Lo abrimos en el Jardín, sentadosen un banco de plaza. El ruido que hizo el origami espantó a las cotorras.
A la noche, cuando llegamos al departamento de Flores, me doy cuenta de que me olvidé las pastillas antidepresivas. Ezequiel se duerme. Yo no me puedo dormir. Entre el sueño y la vigilia tengo la siguiente visión: una red virtual que me encajona como un ataúd, cruzando esa red virtual-ataud aparece un fantasma-holograma. Se acerca. Me mira a los ojos y me dice: “¿Qué queres?”. Recordando a algún prócer argentino le respondo “que vayan viniendo”.
Sincronicidades
Cuando decido dejar yoga, después de sentirme harto de tanta sugestión mística, me pasa lo siguiente: decido poner en Facebook que la Dirección de Género de Luján discrimina a los varones y a los transexuales. Entro a la página de Luján y leo los escritos de la Dirección de Género, son patéticos. Entro al grupo de Facebook “Yo estoy a favor del matrimonio igualitario”, ya es 25 de mayo y suben una nota de la página “Soy ateo, militante ¿Y qué?”. Hago mi apostasía como lo decía en esa página, la mando por mail a la Archidiócesis de Mercedes- Luján. Al otro día, me llaman del colegio católico Cardjin para que dé la materia Construcción de la ciudadanía .
V.
El espiral late sumiso,
rodea la imagen como un cuervo,
busca petrificado el suspiro del retorno.
Animal el claroscuro se extiende.
Parecen las placas de la memoria una tela arrugada.
La luminosidad es ya cerrazón.
Y antes
pasaban los tiempos al pasado,
caminaban los matices con sus prevenciones,
los rumores se hacían grandilocuentes ante los oídos limpios
y la savia parecía una fuente inagotable ante ojos de recién nacido.
El velo que transmutaba lo indescifrable en movimiento
se omitía por pereza o necesidad de ciertos inventarios.
La afrodisía se recargaba de nuevas furias que injuriaban al crisol.
(Pequeña mariposa colibrí,
pequeño zurcido de lo humano…
Vimos también rebotar esa luz enceguecedora)
Nos adherimos al viento que se creía correr como si fuese un ciclón, era
sólo una brisa. Pudor trémulo que percibimos mal
por exceso de irradiación, por suceso de asentimiento.
No hay ya en el futuro…
vendrán las tentativas,
eventos sibilantes…
…pero el espiral vibrará íntimamente,
la atmósfera brindará consistencia
a la visión nublada que perfecta se entreve…
Tulipanes
Vamos con Ezequiel a comprar artículos de decoración al Easy de Caballito. Recorriendo encontramos un vivero. Me quedo fascinado con los bulbos de tulipán negro y de iris holandesa. Los compramos. El de tulipán negro se lo regalo a mi tía-abuela: Jorgelina. Los de iris holandesa se los regalo a mi mamá: Margarita. Jorgelina cuando los ve dice “¿Serán realmente negros?”, mi mamá le responde “no creo, deben ser medios bordo”.
Días después, decido regalarle un bulbo a Laura. Salgo de la facultad de Filosofía y Letras y veo que hay cuadros colgados en la pared de enfrente. Los mismos cuadros que vi días antes en el granero de Carlos Keen, justo el día que le regalé el tulipán negro a la tía Jorgela. Voy corriendo al Easy, busco el bulbo, no hay más. Compro uno de tulipanes rojos, voy al bar del Vivero y se lo regalo a Laura. Me pide que se lo dedique. Le pongo: “Para que cuide la casa”.
Historias de familia: Los Mag Hadam
Hace un año, en el 2010, le pregunté a la tía Jorgela que descendencia tenía la familia Magadán. Ella, como en secreto, me dice que parece que eran musulmanes: los Mag Hadam.
Mientras estamos en el bar del Vivero con Laura le cuento lo que sé de mi abuelo, el hermano de Jorgela: él era herrero y construía puentes en toda la Argentina. Viajaba siempre. Cuando iba por ahí le decía a alguien que le saque una foto. Después iba a los bares, emborrachaba a la gente que estaba a su alrededor y le contaba las historias de las fotos. Así las vendía.
Lo que no le conté a Laura es que cuando mis viejos se casaron, mi abuelo le puso el anillo de oro de casamiento a mi mamá en un vaso con agua y una flor de mburucuyá.
Tradición Marista
Yo estudié toda mi primaria y mi secundaria en el colegio Hermanos Maristas de Luján. Un día me encuentro en un bar de Luján con un secretario de la UCR que también fue a ese colegio. Por prevención fui con Ezequiel, mi doble inteligente. Él nos empezó a hablar que tiene muchos amigos que son seminaristas. Es más, en su Facebook aboga porque el órgano de la Basílica de Luján vuelva a funcionar. Yo le digo que creo en un estado laico y le cuento que los jesuitas en el único lugar donde no pudieron evangelizar es en China, porque los chinos les decían todo que sí y después seguían adorando al Buda en silencio. El budismo es una religión del vacío simbólico, a diferencia de las religiones que son utilizadas por los occidentales.
Otro día, yendo en colectivo me encuentro con una señora que trabaja en la Dirección de Género de Luján. Me cuenta que sus hijos van al Maristas. Yo le narro la historia de Marcelino. Le cuento que él se escapó y no volvió más al colegio porque ahí le pegaban. Así, fundó una congregación en una ciudad donde no existía la religión católica. Es más, le digo en secreto, las tres violetas en verdad son las tres rosas que le aparecen al gitano cuando quiere saber si su novia es virgen o no.
Ese infierno
Doy la primera clase en la escuela católica y privada Cardjin. Les muestro a los chicos mangas japoneses y cómo hacer origamis, pongo como música de fondo el último cd de Radiohead. Un alumnito lee parte del libro Los niños de Japón de Alejandra Correa . Me dice preocupado: “Ella fue a Japón y le pareció triste ¿no?”. “Si” le digo yo y agrego “es que en Japón ocurrieron dos cosas terribles: la bomba de Hiroshima y ahora el tsunami”. El chico se queda en silencio. Cuando salgo de ese colegio pienso “espero que salven a ese niño de este infierno”.
A Formosa solo, no
Romina Freschi, mi amiga poeta, me invita a Formosa. Le digo a Ezequiel y se enoja. Entonces intercedo nuevamente con Romina: “voy pero si Ezequiel también va”. Me dice que sí. Ezequiel me dice que el día que salimos tiene una conciliación laboral con su trabajo anterior. Le digo a Romina que por favor, el viaje sea a la noche y no a la tarde. Me dice que sí y, como un reclamo, expresa: “ya está, no se cambia más. No hay vuelta atrás.”
Sueño con orquídeas
Vamos con Ezequiel al barrio chino. Compramos el gatito de la suerte, unas japonesitas de madera y unas galletitas de maní bastante extrañas. En una vidriera vemos varias orquídeas. Le digo a Ezequiel que son mi sueño, siempre soñé con tener una. “Cuando tenga plata, le regalo una a la tía Jorgela” le digo. Él dice “si te gustan a vos ¿por qué no te la compras para vos?”. Despacito le respondo “Es que la tía la va a saber cuidar”.
Los yuyitos
Además de mi tránsito ya conocido por millones de pastillas de éxtasis, anti-depresivas, anti-psicóticas y anti-gripales, tengo otra circulación, menos conocida por mis amigos, que es el tránsito por los yuyitos medicinales. Empecé en ese tránsito una vez que mi vieja me hizo un té de valeriana con mburucuyá, pero antes ya tomaba té de tilo, de boldo y de manzanilla según las necesidades de mi estómago o anímicos. El té verde también fue otra fuente de fuerzas. Ahora lo uso en compresas para reducir los granos de acné de la espalda.
Cuando trabajaba en el colegio comunitario Ruca Hueney, que depende de la CTA, una persona me regaló una planta de ajenjo. Sirve como pesticida natural ya que todos los bichos van a esa planta. Pero también sirve como anti-parasitario. Lo tomó tres días seguidos una vez cada tres meses para matar todos los bichos.
El cuadro en la oscuridad
Cumplimos dos años con Ezequiel. Le regalo un bastidor bastante grande. Lo pago con tarjeta de crédito. Llego a su departamento. Él compró algunos acrílicos. Yo llevo algunos que tenía en mi casa. Tengo un solo pincel que es bastante chico. Pintamos una base de azul talo con una esponja para limpiar los platos. Como tenemos un solo pincel, yo uso la bombilla para tomar mates para pintar. El produce latigazos con el pincel (muy Pollok) y pinta líneas de colores. Yo goteo con la bombilla verde manzana, magenta. Terminamos el cuadro y vamos a dormir.
Otra vez me olvidé las pastillas anti-depresivas. El departamento está oscuro y en silencio. Sólo se escucha una sirena a lo lejos que no para de sonar. Voy al balcón, prendo un cigarrillo y me pongo a leer Fantasmas de Daniel Link . La sirena sigue sonando a lo lejos y justo el primer capítulo del libro habla del canto de las sirenas. Vuelvo al comedor, el cuadro está en el piso. En la oscuridad solo se ven los trazos blancos, lo de otro color no se distingue. Siento que estoy mirando el universo desde arriba, como si estuviese en el planetario: las manchas blancas son estrellas, asteroides, constelaciones.
Milita Molina
Una sola vez vi a esa mujer. Fue en un seminario de Literaturas Eslavas que daba Laura. Milita habló de Kierkegaard y me sedujo. En el cuello tenía un collar que tenía un vidrio. Me llamó la atención. Era un vidrio redondo, transparente, sin nada. Milita guiñaba el ojo y no sé si lo hacía a propósito o era un tic.
Ayer entré a la página “Cristianos gays” y encuentro un hipervínculo a “Católicos populares”. Tenía como logo ese símbolo: un cristal transparente, redondo, como si fuese una lupa sin mango. Así debe ser la verdadera religión: transparente.
Noticias desde España
Me llegan noticias desde España por tres vías: María Alicia Gutiérrez, Marina Cardelli y Hugo Savino (a través de Laura). María, socióloga, está en medio de todas las marchas, dijo que iba a traer muchos libros sobre género que se estuvieron produciendo en estos años. Está contenta ante tanta rebelión. Marina, licenciada en letras, fue como si fuese de paseo. Veo fotos de ella tomando mates enfrente de algún palacete o algo así. Como epígrafe pone “pongámosle argentinidad a España”. Según Laura (no sabemos si miente), Hugo Savino ni escucha las rebeliones. “Todo esto ya lo viví” dice somnoliento desde su departamento de Barcelona.
Bomba en un taller literario
La actriz lujanense Marcia Lo Feudo me invita a su taller literario. Lo da en la casa solariega de Florentino Ameghino, en la ciudad de Luján. La casa es fría, “una heladera”, dice el cuidador. Afuera hay un higo de tuna con algunos frutos listos para comer.
Mientras va llegando la gente miro los huesos que hay. El cuidador me dice que son reproducciones, los originales están en La Plata. Llegan los asistentes al taller. Somos tres mujeres mayores, un chico joven que es apasionado por las historietas, Marcia y yo. Saco la computadora de la mochila y leo un cuento que se llama Alberto . Es un cuento que narra la historia de un profesor de literatura que es un homosexual reprimido y que ve, por la tele, la promulgación de la ley de matrimonio igualitario. Leo y nadie dice nada. Llevo la computadora a donde están todos y les paso fotos del Jardín Japonés. Estamos Ezequiel y yo abrazados en varias. Las señoras leen lo que escribieron mientras miraban las fotos. Son todos relatos con mucha violencia. Excepto el pibe joven que fue concreto, impresionista. Voy afuera y me quedo charlando con el cuidador. Me cuenta que él ve la evolución que planteaba Ameghino en los pájaros. Me dice: “el gorrión es un raptor, es como un velociraptor.” Le pregunto cuáles son los libros metafísicos de este escritor. “Leete Mi credo, es muy bueno, aunque hay uno mejor: Aguas secas , que muestra cómo hacer diques para que el agua de otras ciudades llegue a Luján de a gotas para evitar inundaciones”.
Nunca menos
Hace un mes fui al cumpleaños de Juan Salzano. Le regalé un Tamagochi. Estaba Nadia, esa mercedina hermosa que por ser mercedina se lleva bien con Ezequiel. En mi bolso hay varios libros: Variaciones sobre un cuerpo de Michel Serres, Erase una vez… el universo, los dioses y los hombres de Jean- Pierre Vernant y Cantos de Maldoror de Lautremont.
Charlo con Juan, con Nadia. En un momento, llega Violeta Percia, ayudante de Literatura del Siglo XIX. Me pongo a hablar con ella y le cuento una anécdota inventada: “Cuando fui a ver a Hermeto Pascoal, entró Luis Salinas y se puso a hacer juegos formales con la guitarra. Hermeto se enojó mucho y fue al lado de Luis y le gritaba: ¡Más! ¡Más! ¡No quiero juegos formales!”. Violeta Percia abre la boca y le meto un ají putapario adentro. Cierro mi bolso, dejo de mostrar mis lecturas y me voy.
